Surcando el amazonas

atardecer

Kaixo !!

Ya estoy de vuelta de mis vacaciones !!

Lo primero, disculparme ante mis fieles lectores por las “vacaciones” que me he tomado y durante las cuales no he publicado nada. (a ver si os creéis que solo vosotros podéis iros de vacatas ..jejeje.)

Esto no quiere decir que no haya escrito, ni que no haya pasado nada… He recibido un par de visitas de dos grandes amigos y entre una y otra cosa, he decidido estar menos pendiente de la Web que hasta ahora. De todas formas, dedico estos relatos a los que me han escrito preguntándome si me había pasado algo o si había decidido dejar de escribir…me alegra mucho saber que hay gente deseando leer mis aventurillas….

Dejé de contaros el viaje en Pucallpa y desde ahí cogí un barco en dirección a Iquitos, capital de la amazonia Peruana, al norte del país. Esta es la parte del Perú que más ganas tenia de visitar. Ya sabéis que Perú me ha sorprendido mucho, contando en su territorio con desierto, mar, playas, selva y un increíble patrimonio arqueológico.

Aprovecho para recordar a las victimas del terremoto, que una vez más ha hecho de la gente más necesitada victima de una catástrofe, en este caso digamos que inevitable. El epicentro ha sido en Ica, ciudad en la que pasé unos días. Se me encogió el alma al ver las terribles imágenes de destrucción que dejó este desgraciado fenómeno de la naturaleza.

Los barcos que surcan el amazonas peruano son el único medio de transporte para la población local. Esto hace del viaje una experiencia autentica, porque cuelgas tu hamaca en el interior del barco, entre una muchedumbre importante y esta se convierte en tu casa durante los 3 o 4 días que dura el viaje. Hay varios barcos que hacen el trayecto Pucallpa – Iquitos, siendo las lanchas más recomendables las “Henry”, que por lo que supe luego, también son las más lujosas, aunque distan mucho del concepto de lujo que tenemos en nuestra tierra.
??

El barco sale el Sábado por la tarde, pero llego muy pronto, al mediodía y coloco mi hamaca tal y como me han aconsejado. Coloco una para mi y otra para mis mochilas. Tras el disgusto del robo en Pucallpa, decido seguir los consejos de los que me advierten sobre robos en el barco: compro otra hamaca para poner mis mochilas y tenerlas controladas durante los 4 días que durará el viaje. Al llegar, el barco está más bien vacío, así que coloco las dos sin ninguna prisa, pero en un par de horas se llena de tal forma que no queda espacio alguno entre las hamacas. Se llena tanto, que paso la primera noche con una familia entera (padre, madre y dos niños) debajo de mi hamaca !

Justo debajo, rozándome, tengo a los dos crios tumbados en una manta. No paran de moverse, llorar o empujarme, así que la primera noche no es muy agradable. La zona en la que estoy está completamente llena. A mi izquierda una familia al completo, bien organizados, cada uno con su hamaca. A mi derecha, una pareja joven, con dos niños pequeños y con una sola que se turnarán. Viajamos 250 personas en una planta del barco y como no hay sitio para todo el mundo, bastante gente se queda sin poder colocar su hamaca.

Una vez caída la noche, los que no tienen hamaca se agolpan en el suelo. Apenas pego ojo, los llantos de los niños que viajan en el barco, el calor, los mosquitos y demás insectos voladores, la desconfianza que me produce tener todo mi equipaje entre más de 200 personas y para rematar, mis huéspedes debajo de la hamaca, no ayudan a que tenga una buena primera noche.

Entre todos los pasajeros, soy el único “gringo”, como nos llaman en casi toda Latinoamérica, por lo que en caso de robo, mi mochila seria la más apetitosa. (Al día siguiente, conoceré a una pareja de alemanes, que no alcanzo a ver el primer día entre la muchedumbre.)

hamacas

Para añadirle atractivo a esta primera noche, durante la misma, oigo lo que me parece ser un disparo. La gente que está sentada a mi lado, que viaja sin hamaca, se asoma a la ventana: “han disparado!” Al principio me cuesta creerlo, pero en seguida se oye otro. Esa vez si que me lo parece y los que se han asomado a la ventana se meten al interior. Estamos parados. Los que estamos despiertos nos miramos con cara de preocupación. No se oye nada más y poco a poco, todo el que puede, vuelve a dormir. Me cuesta creer que puedan ser disparos, pero oyendo los comentarios de la gente y viendo su reacción, escondiéndose por debajo de la altura de las ventanas, acabo absolutamente convencido.

En cuanto se hace de día, sobre las 05h00 de la mañana, no aguanto más en la hamaca, me levanto y voy a lavarme los dientes, con la intención de comprobar el estado de los baños. Más o menos lo que me esperaba: la higiene brilla por su ausencia. Encima del mismo retrete se encuentra la ducha, así que si quiero ducharme durante estos días, tendré que hacerlo ahí.. Para las 06h00, ya están sirviendo el desayuno. El que quiere comer lleva su propio “tupper” que servirá de plato, además de sus cubiertos. Me han recomendado no comer la comida del barco, porque la cocinan con agua del río, así que tengo un montón de latas de atún, sardinas y pan suficientes para aguantar tres o cuatro días.

Afortunadamente, toda la gente no viaja hasta Iquitos, ya que el barco va parando en cada pueblo que lo solicita, lo que se traduce en un entrar y salir de gente constante durante los días que dura el viaje. También significa que nadie sabe exactamente cuando llegará el barco a destino, porque van haciendo paradas según las necesidades de la gente. Las noches siguientes serán mucho más cómodas que la primera, ya que no tendré gente durmiendo debajo de mi hamaca.

parada

En el barco además de personas, viajan muchos animales, gallinas, chanchos, vacas y también cargan con mercancía de todo tipo. La vista de la cubierta es de lo más curiosa, con vacas, moto carros, tractores, palets, etc..

barcovacas

Durante buena parte del recorrido se pueden oír a los chanchos (cerdos) gritando, me imagino que por la falta de espacio con la que viajan. Si nosotros vamos tan “ajustados”, me imagino como irán los pobres animales.

El segundo día por la mañana, conozco a los alemanes de los que os hablaba y desde ese día pasamos muchas horas juntos. Hablamos con el capitán del barco y este nos permite, aún estando prohibido, pasar muchas horas en la cubierta del barco. A partir de ese momento, el trayecto se parece mucho más a un viaje de placer, que a la encerrona que vivo la primera noche. Gracias a esto, podemos viajar los tres días en cubierta, pudiendo admirar el magnifico paisaje que recorremos. Desde Pucallpa, el río que sale en dirección a Iquitos se llama el Ucayali. Este, junto al Marañón, formará el Amazonas, al que llegaremos un día antes de la llegada a Iquitos, así que durante los tres primeros días navegaremos por el Ucayali, uno de los principales afluentes del amazonas. Surcar este río en un barco de este tipo es algo único. Es inmenso, con una anchura impresionante y con unos atardeceres de ensueño.

atardeceres

Durante esta época de año el caudal del río es muy bajo, por lo que la velocidad es muy inferior a la normal en época de lluvias. Nos quedamos todos los días viendo el atardecer en la cubierta y en cuanto oscurece se pueden ver decenas de ojos anaranjados en la orilla: son los cocodrilos observándonos al pasar.

alemanes

Por la mañana, charlando con Vera y Jacob, les pregunto por los disparos y me quedo alucinado cuando me dicen que no los han oído. Será posible que hayan podido dormir tan bien? Me cuentan que la primera noche vieron a un hombre de la tripulación en la cubierta, armado con un fusil, por lo que pensamos que los tiros salieron de nuestro propio barco.

Así transcurre el día, navegando a ritmo muy lento por el río, esquivando los bancos de arena para no quedar encallados, cruzándonos con barcos madereros y charlando con los alemanes.

barcomadera

Al bajar a echar mi primera siesta, empiezo a charlar con las personas que me rodean. Me miran con cierta expectación. La gente que viaja de esta forma y que vive a lo largo del río, es gente humilde y trabajadora. Tengo la suerte de charlar con muchos de ellos, gente sencilla, que siente tanta curiosidad por mi como yo por ellos. Casi todos los niños me sonríen y me miran al pasar junto a mi hamaca. A mi lado tengo a toda una familia. (afortunadamente la pareja de al lado y sus hijos, se han bajado en un pueblo, por lo que ya no tengo a nadie debajo de mi hamaca). El padre en seguida empieza a hablar conmigo y lo primero que me pregunta es por mi religión. Resulta ser un “Israelita Peruano”, de una religión (o secta) que vive en una comunidad de la selva, con solo personas de idéntica creencia. Viendo por donde van los tiros, intento evitar profundizar demasiado, aunque me resulta imposible. Una vez roto el hielo, este hombre no dejará de intentar convencerme de su verdad… Por esta razón, acabo evitando mi hamaca, puesto que cada vez que me tumbo, me habla sobre la palabra de dios. Intento decirle que no creo en ningún Dios, pero se ríe, pensando que me puede convencer..

gente

Paso la tarde en cubierta, donde empiezo a charlar con otro señor. Es uno de los dueños del barco y está viajando a Iquitos. En lugar de ir en avioneta, ha decidido ir en su barco, con la intención de controlar al personal. Pertenece a la familia propietaria y ejerce de abogado de esta en sus negocios. Me cuenta que este trayecto está cubierto por varias lanchas, como llaman aquí a los barcos. Las lanchas Henry son las más conocidas y también las más modernas. Tienen una flota de hasta 7 lanchas, siendo la nuestra, la “Henry uno”, la más vieja de todas. De hecho, este será su ultimo viaje antes de pasar por los astilleros para renovarla.

En cuanto me acuerdo, le pregunto por los disparos: “No te preocupes, aquí estás bien protegido. Es cierto que ha habido varios asaltos de bandidos, siempre durante la noche, así que vamos bien armados. Lo de ayer fue solo un aviso a una lancha sospechosa que se acercaba. En realidad, solo pudieron asaltarnos una vez, la siguiente respondimos. No sé cuantos cayeron, pero seguro que alguno si que lo hizo. No te preocupes, tenemos un buen arsenal para ahuyentarlos, en las barcas Henry, vas seguro.”
Esta es la respuesta que me da, con una mezcla de seguridad propia de un letrado y de chulería más bien propia de un autentico vaquero.

Durante el mandato del presidente Fujimori y de su temida mano derecha ahora en la cárcel, Montesinos, el gobierno acabó con el terrorismo de Sendero Luminoso, matando a muchos de ellos. Parece que muchos de sus integrantes, ante el acoso militar, se fueron a vivir a la amazonia para no ser encontrados. Según este señor, las armas que trajeron estos, son las que sirven para estos atracos a los barcos.

“Toda nuestra tripulación ha sido militar (no me sorprende demasiado, viendo la cara de muchos de ellos), así que no te preocupes, si nos atacan, tenemos material más moderno que ellos para hacerles frente y además todo nuestro personal, sin excepción alguna, sabe manejar”

Los alemanes, que no hablan prácticamente castellano, se quedan completamente “flipados” cuando les traduzco la conversación. La verdad es que el terreno se presta, parece fácil asaltar un barco por la noche y desde luego “ policía de río” no se ve por ningún lado.

Tras esta interesante conversación, disfruto de mi primer atardecer en el río desde la cubierta y es realmente impresionante. La naturaleza nos regala una escena preciosa, con el arco iris cayendo sobre la selva.

arcoiris

Nos quedamos hasta tarde, esperando la oscuridad total y me voy pronto a la cama a intentar descansar. Me espera mi amigo religioso, a quien he dejado un libro sobre la historia latinoamericana, las venas abiertas de Latinoamérica, de Eduardo Galeano. La intención es cambiar de tema, pero mi estrategia no resulta y consigue relacionarlo con Dios. Tras librarme de el con unos bostezos, me duermo y lo hago mucho mejor que la primera noche.

Por la mañana, me levanto pronto y vuelvo a lo que ya me parece la rutina del barco: pasar la mañana en cubierta de charla con la tripulación, con los alemanes y con Jorge, el dueño del barco. Este se apasiona contándome historias de atracos, traficantes que viajan hasta Iquitos con cocaína, siempre recordándome que no hay ningún peligro, pero en realidad, dejándome claro que podría haberlo. Hace unos meses pararon una de las lanchas con muchos kilos de esta droga, pero no encontraron al que los había metido. Jorge es tan explicito que me asegura que en cada viaje hay mas de una persona llevando pasta de coca a Iquitos. Incluso se atreve a decirme quienes son sospechosos..

Abajo, en las hamacas, las conversaciones van desde el fútbol, (normal, estando en plena copa América), hasta las historias de atracos y narcotraficantes.. Menuda manía tienen de contar siempre las mismas cosas.. además, cuanto habrá de verdad ??

El barco avanza lento e incluso las dos primeras noches casi no avanzamos por miedo a encallar. A ultima hora de la tarde, paramos en un pueblo y nos dicen que vamos a pasar ahí la noche.

pueblorio

La gente se empieza a animar, con la intención de salir a tomar algo al pueblo. Hablo con Vera y Jacob y decidimos salir a tomar un par de cervezas, pensando en que es una buena idea para cambiar de aires. Dejamos a nuestros vecinos y a la tripulación a cargo de nuestro equipaje y salimos hacia el pueblo.
Nos dicen que saldremos sobre las 05h00 de la mañana, así que siendo las 22h00 estamos muy tranquilos. Cogemos un moto carro y nos vamos a la zona de bares, sorprendentemente grande para el minúsculo pueblo en el que hemos parado. Tomamos un par de cervezas, hasta que dos peruanos se acercan a decirnos que la lancha Henry ha salido del puerto y se ha ido sin nosotros !!
No nos lo podemos creer. Volvemos a toda prisa y efectivamente, el barco no está en el muelle del puerto.

Menos mal que en seguida un señor nos dice que el barco ha cambiado de muelle y que pasará la noche a tan solo dos kilómetros de ahí. Cogemos un moto carro y en menos de 15 minutos conseguimos volver al barco, así que todo queda en un susto. Por momentos llego a pensar que esta vez no solo seria mi portátil, sino que había “perdido” mi mochila entera. Al llegar al barco, compartimos trago con el patrón del barco y la tripulación, quienes insisten para que bebamos un aguardiente hecho con raíces de la región. Se ríen cuando les contamos que pensábamos que nos habían dejado tirados en medio de la amazonia. En realidad Jorge, el dueño, me explicará más tarde, que ha ordenado mover el barco para que la tripulación no salga al pueblo a emborracharse, cosa que debe de ser habitual.

bandera

Nos vamos a dormir tras dar buena cuenta del aguardiente. Al despertar, pronto como siempre, me llevo la gran sorpresa del viaje. Una señora viene a despertarme diciendo que saque mi cámara, que tengo que sacar unas fotografías. La acompaño intrigado, hasta llegar a donde una mujer, tumbada en el suelo con un bebe… Ha nacido un niño esta noche !!

bebe

La noticia me deja aturdido. No me lo puedo creer. Ha nacido un niño en el barco, en las condiciones en las que viajamos. Todo el mundo parece encantado con la noticia. No puedo dejar de pensar en la pobre madre, que ha tenido que parir entre la muchedumbre, en las condiciones sanitarias en las que viajamos. Me obligan a hacer de fotógrafo y por un momento quieren que sea el padrino. Me hago el loco para no seguirles el juego, porque os aseguro que de hacerlo, me convierto en padrino al instante. Al preguntar por la señora y por la salud del bebe, me dicen que no me preocupe: ha sido asistida por un medico que viajaba en el barco. La madre, completamente rodeada de curiosos, aguanta estoicamente el acoso al que es sometida. Cuando pienso en la escena, todavía me sigue pareciendo surrealista. Os podéis imaginar como se llamará el niño ? No, Ernes no…..Henry, claro. (os prometo que de aceptar ser el padrino, podría haber llevado mi nombre..)

Al subir a cubierta, los alemanes me preguntan por los disparos de la noche. Esta vez soy yo el que no los ha oído. (joder con el aguardiente.) Al hablar con el capitán al respecto, me comenta que se acercaba un barco sospechoso, sin luz, así que habían disparado al aire para que se alejara. Tan simple y tan increíble como esto: de tres noches, en dos de ellas han tenido que disparar a un barco sospechoso.

Nos estamos acercando a Iquitos y todavía no os he contado que no llegaré hasta esta ciudad en el Henry uno. En realidad, mi plan me lleva a Requena (eso creía yo), un pueblo al que llegaremos un día antes que a Iquitos. Voy a pasar unos días en la reserva nacional de Pacaya Samiria, una reserva natural en pleno amazonas, todavía no muy explotada, siguiendo la recomendación de mi amigo Jesús di Castillo, del albergue Humboldt. Tengo el contacto de unos señores, se dedican a hacer tours por la selva, a un precio asequible para mi modesto presupuesto. Se trata de la familia Galán, varios hermanos originarios de esta parte del amazonas, sobre los que os hablaré más tarde.

El día del nacimiento sigue la rutina del barco: en cubierta, charlando con la tripulación, con Jorge y con los alemanes. En las hamacas, evitando el feroz adoctrinamiento de mi amigo e intentado hacer nuevas amistades. Mi “amigo” cada vez pone más empeño en adoctrinarme. Intento evitarlo prestándole libros, cada día uno diferente, para ver si alguno le engancha y cambiamos de tema, pero tras un rápido vistazo al libro de turno, siempre consigue volver a lo mismo. Le explico una y otra vez que conmigo no tiene nada que hacer, pero parece convencido de hablar con un hereje e incluso trata de convencerme de que visite la iglesia más cercana de su congregación.

Ese mismo día, me levanto con una de mis manos completamente hinchada. Al principio no le doy mayor importancia, puesto que tengo tantos picotazos que me parece uno más, solo que más fuerte. Poco a poco mi mano se va hinchando y empieza a dolerme bastante, hasta que tengo que tomar un anti inflamatorio para evitar que me estalle. Nadie sabe de que bicho se trata, pero viendo los que me encuentro en casi todas las esquinas, prefiero tomarme la pastilla y evitar males mayores.

picoton

bicho1

bichorara

El resto del día transcurre charlando con varios lugareños más, agricultores que han ido a Pucallpa a por material para poder seguir con sus modestos cultivos o a visitar a la familia. También paso un buen rato charlando con un colombiano, con el que empiezo a diseñar cual será mi recorrido por su país. Siendo ya el tercer día, el barco parece una gran familia. Me encanta poder charlar con este gente sobre la vida en el amazonas, de forma tan natural y amigable. Siento que la gente me trata con mucho respeto y esta deseosa de hablar con el “gringo”. La verdad es que es una sensación agradable, porque reina un ambiente muy sano y cordial.

Desde el punto de vista humano así es, sin embargo, desde el punto de vista higiénico, el ambiente es un poco “menos sano”. Llevo ya tres días sin ducharme y he tomado la firme decisión de no hacerlo hasta mi llegada a Requena. Creo que es un mal menor, ante la perspectiva de desnudarme en el retrete, apestado por miles de insectos. Prefiero seguir con mi particular y personal aroma, antes que pasar por tal trago. Vera, la alemana, no me ayuda demasiado. Cada vez que tiene que ir al baño a orinar, me cuenta escandalizada que acaba con cientos de picotazos en el culo. Siento ser tan explicito, pero estas son las particulares condiciones del barco..jeje..

Para mi, en realidad, no resulta difícil soportar estas condiciones durante unos días. Más difícil me resulta aceptar el tratamiento que se hace de las basuras en toda esta región. He resaltado en relatos anteriores la falta de educación que padece Perú y esto se nota en todos los ámbitos de la vida. No es extraño viajar en un autobús por el país y ver a tu compañero abrir la ventana para tirar la lata de refresco sin que nadie diga nada. Les da igual hacerlo atravesando una ciudad, un desierto o un parque natural.

humo

En el río pasa lo mismo. Todos los pasajeros usan el río como basurero. Lo más grave de todo, es que los tripulantes y trabajadores del barco hacen lo mismo con toda la basura que se acumula día a día. Al principio, me mantengo callado, más que nada porque no quiero parecer arrogante. No estoy en mi país, y no soy nadie para dar lecciones, aunque la verdad es que me cuesta callarme. Como casi todos los niños vienen a charlar conmigo, intrigados por hablar con el extranjero, empiezo por ellos y cada vez que uno de ellos habla conmigo, aprovecho para comentarle que no tire basura al río. La verdad es que funciona, porque en varias ocasiones, viene alguno con una botella y me dice que la va a echar a la basura. Pero el verdadero problema viene luego. La bolsa de basura del barco se echa al agua !!!

Tengo una bolsa de plástico en la que voy dejando todas mis basuras, los alemanes, por supuesto, también hacen lo mismo. El tercer día, descubro que el que “limpia” el barco, ha recogido toda mi basura y la ha echado al río !

Cuando voy a pedirle explicaciones, me responde con un: “Pero, era basura, verdad ?” Al decirle que si, respira tranquilo, pensando que había tirado algo de valor. Esto lo dice todo, ni siquiera se puede imaginar porque estoy enfadado. Cuando le digo que era mi basura y que la estaba guardando porque no quiero echarla al río, me responde con una sonrisa y dice: “aquí lo hacemos así”.

Cuando subo a cubierta aprovecho mi buena relación con Jorge, el dueño del barco, para comentarle lo sucedido. Su respuesta me exaspera un poco más. Se lo comento de la manera menos hiriente posible, comentándole que me choca mucho como tratan las basuras en el barco. Llega a decirme que en realidad hay un barco que recoge las basuras cada cierto tiempo !! Que fuerte. Y yo que no me he enterado que hay buzos recoge basuras en el amazonas !!

Jorge es abogado, por lo que pensaba que alguien instruido no podría alegar desconocimiento. En realidad le da absolutamente igual y me dice que por ahora eso es así, es lo mas cómodo y punto. Le aseguro que en 10 años seguro que no siguen haciendo lo mismo porque es algo de sentido común. Afortunadamente no todos los barcos por el amazonas hacen lo mismo. Me comentan que en la amazonia brasileña, los barcos, además de ser más modernos, guardan sus basuras hasta llegar a puerto.

En fin, no podía contaros este viaje, sin hacer hincapié en algo que me produjo tanta rabia. Recuerdo haber oído en mi casa, que en mi querida Hondarribia, hasta hace 40 o 50 años también se echaba toda la basura al mar sin que a nadie le pareciera mal. Espero que no tengan que pasar tantos años para que esta gente se dé cuenta del mal que hacen estas practicas al ecosistema.
paisaje

paisaje2

Pasamos mi ultimo día inmersos en la rutina del barco. La idea es que llegue a mi destino por la tarde, pero debido a las condiciones del río, el ritmo sigue siendo muy lento.

Me da bastante pena que acabe el viaje por el río, pero por otro lado tengo unas ganas tremendas de llegar y pegarme una buena ducha. También de comer algo caliente. Son tres días enteros a sardinas, atún y pan, así que sueño con un buen pescado o con un trozo de pollo. Sin embargo, vamos tan lentos que la previsión de llegada se pospone una y otra vez, por lo que finalmente decidimos meternos a la cama.

A las 02h00 de la madrugada me despiertan. He llegado a mi primer destino. Me despedido efusivamente de los alemanes, de varios de mis vecinos que se despiertan a despedirme (por supuesto mi gran amigo el “religioso”) y de la tripulación.

He llegado a Requena.

erneshamaca

MAS FOTOS LANCHA HENRY

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~ por vagabundeando976 en agosto 6, 2007.

4 comentarios to “Surcando el amazonas”

  1. Qué alegría volver a leer tus crónicas.
    Qué abandonados nos tenías!! Me parece muy bien que hayas hecho vacaciones y lo hayas pasado de miedo con tus visitas!!
    Pero es estupendo reencontrar tus escritos. Hasta pronto!
    Muxu handi bat!!!!!!!!!

  2. Aupa, Ernes!!!
    ´Sí que estábamos un poco preocupados, pero en Hondarribi ya nos comentaron que estabas de vacatas y descansando de tanto ajetreo. Disfruta, pues!!!

    Sigo alucinando con las fotos, se te ha pegado algo del fotógrafo de Andoain, no??? ji, ji…

    Cuídate esa mano, eh???

    Muxus

  3. xvre el barco hernri jejjejeejeje algundia viajare de pucallpa a iquitos espero pronto podeis viajar alli poes

  4. Que recuerdos me traes!

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